La eternidad de lo efímero
- circuloat
- 6 ago
- 2 min de lectura
Lo que van a leer a continuación es un hermoso texto que escribió una alumna en el marco de su cursada de Acompañamiento Terapéutico, y a partir de una clase sobre Adultos Mayores. Una reflexión profunda, humana y sensible sobre el paso del tiempo y lo efímero. Gracias Silvia Rodiño, por tu compromiso, entusiasmo e iniciativa ❤
"La vida tiene la delicada costumbre de recordarnos que todo pasa. Sin embargo, es precisamente esa fugacidad la que vuelve sagrado cada instante. Vivimos como si el tiempo fuera un adversario al que debiéramos vencer, cuando, en realidad, es el más sabio de los maestros. Nos enseña, sin pronunciar una palabra, que la belleza no reside en aquello que permanece, sino en aquello que, precisamente porque es transitorio, merece ser contemplado con gratitud.
Perseguimos la juventud como si fuera la única estación digna de ser celebrada. Sin embargo, olvidamos que la primavera solo es hermosa porque un día será verano, luego otoño y, finalmente, invierno. Ningún árbol lamenta perder sus flores cuando comprende que el fruto nace precisamente de esa renuncia. También el ser humano florece, madura y se transforma. Cada arruga es la cicatriz luminosa de una batalla vencida, el mapa secreto de una alegría, una pérdida, un abrazo que dejó huella.
Lo efímero no es una condena; es el milagro que concede valor a las cosas. Si las rosas no se marchitaran, nadie detendría el paso para contemplarlas. Si el verano fuera eterno, olvidaríamos la emoción de su llegada. Si nuestra vida no tuviera un final, quizá jamás aprenderíamos a decir «te quiero» con urgencia, ni a estrechar una mano con la certeza de que cada encuentro puede ser irrepetible.
El tiempo suele ser señalado como un enemigo. Lo culpamos por las canas, por las despedidas, por los cambios inevitables. Pero acaso el tiempo no destruye: revela. Va desprendiendo de nosotros todo lo accesorio hasta dejar al descubierto la esencia. En cada persona mayor siguen habitando el niño que alguna vez descubrió el mundo con asombro, el joven que soñó con cambiarlo y el adulto que aprendió, muchas veces a fuerza de dolor, que la verdadera grandeza consiste en levantarse después de cada caída. Ninguna etapa desaparece; todas permanecen vivas en la siguiente. Somos la suma de todas nuestras edades.
Existe una delicadeza inmensa en aceptar que somos pasajeros. No vinimos a
permanecer, sino a dejar una estela. A sembrar palabras que florezcan en otros, gestos que sobrevivan a nuestra ausencia, memorias que continúen respirando cuando nosotros ya seamos solo un nombre pronunciado con cariño.
Y entonces comprendemos la paradoja más hermosa de la existencia: precisamente porque somos efímeros, cada instante tiene el peso de la eternidad. Cada sonrisa, cada despedida, cada abrazo y cada cicatriz son pequeños poemas escritos por el tiempo sobre la frágil, irrepetible y maravillosa condición de estar vivos." Silvia Rodiño



Comentarios